domingo, 16 de abril de 2017

Un punto azul pálido

Publiqué esto hace un tiempo.

Allá por 1990, la sonda espacial Voyager I, tomó una foto desde la pequeña distancia de unos 6000 millones de kilómetros (lo que la luz recorre en algo menos de seis horas) apuntando hacia la Tierra, nuestra Tierra.
En esa foto se aprecia un punto, apenas un pixel, que corresponde a nuestro planeta.

Esa foto se considera una de las diez mejores fotos científicas del espacio de la historia, y dió título al libro del divulgador científico Carl Sagan 'Un punto azul pálido'.

En ese libro, y refiriéndose a esa foto, dice:

"Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido."

Deberíamos reflexionar con esas palabras. Es una tremenda lección de humildad.
No somos nada, absolutamente nada, en comparación con la inmensidad del espacio.

Aquí se trata de ver quién lanza la bomba más gorda, o simplemente quién la tiene mas grande, la bomba, llámese la madre de todas, el padre, la prima o la cuñada, o de exhibir el mayor poderío, aunque se falle. Da igual. Si fallamos somos los que mejor comentemos el error...
O nos empeñamos en gritar más fuerte que el que está a nuestro lado. Y todo eso para tener más poder sobre un cachito de ese punto.

viernes, 31 de marzo de 2017

Nunca pasa nada

‘Harto  ya de estar harto, ya me cansé’. Con ésta frase comenzaba una canción de Joan Manuel Serrat.
Bueno, comenzaba y comienza, porque no se ha eliminado como si de un damnatio memoriae se tratara.

Qué cansado estoy de leer, ver, escuchar siempre lo mismo. El panorama que tenemos delante no es nada alentador.
Todos dicen estar a favor de o en contra de, pero nadie hace nada para fomentar o acabar con.

Y así nunca pasa nada.

No pasa nada porque, ya lo he dicho más de una vez, somos borregos.

Juzgan a alguien por haberse llevado mucho de lo que es de todos, lo absuelven o le ponen una condena ridícula. No pasa nada.
Unos dirigentes con pocos escrúpulos usan el dinero público para sus historias, y casi se archivan los casos. Se archivan o se meten en un cajón a ver si desaparecen…Y no pasa nada.

Pero no pasa nada incluso hasta el momento en que se nos toque cierta parte de nuestra anatomía. Aún así sigue sin ocurrir nada.

Decía al principio ‘damnatio memoriae’. La condena al olvido. Locución en latín, pero que no es invento de los romanos. Ya en el Egipto de los faraones se usaba, y ellos no hablaban latín sino con sus ‘emoticonos’ por actualizar un poco, aún a costa de perder rigor.
Hay que borrar cualquier huella de aquellos que lo hicieron mal, que es ciertamente malo, o de aquellos que no lo hicieron como a mí me habría gustado, que es peor.

Pero incluso borrando de la memoria no pasa nada. Ya que aunque elimines rastros, siempre queda información que no se puede borrar.
Se sigue hablando de los emperadores romanos afectos, supuestamente, por esa condena, y por los faraones que también las sufrieron. Y de los griegos, que hacían algo parecido,…

Aquí, en la ‘piel de toro’, también ha habido y hay intentos de hacer que olvidemos u olviden.

Pero eso sí, entre intento e intento, una buena colección de noticias o historietas, de futbol, de famosetes, de supuestos famosos, de fulanos y de fulanas.
O sea, otra locución en latín ‘panem et circences’ o españolizado hasta el punto de existir una zarzuela ‘pan y toros’.
Es decir (ahora dicen ‘lo que viene siendo’ pero esa forma a mi no me agrada) demos al pueblo algo que comer y algo en lo que pensar para tapar lo verdaderamente importante y así ‘nunca pasará nada. Seguid pastando, borregos’.

Pues así las cosas, vuelvo a mi retiro.

Como escribe el Sr. Pérez Reverte en alguna de sus publicaciones ‘Continuará’

domingo, 5 de febrero de 2017

En mi casa jugamos así.

‘Una mentira, aunque se repita mil veces, será siempre una mentira.’

Conocéis la frase, ¿verdad? Pues con los bulos pasa lo mismo, obviamente, porque los bulos son mentiras.

No voy a hablaros de bulos de los ‘interneses’ porque ya fue asunto de otra entrada en este blog, pero si voy a comentar acerca de esas verdades que damos por sentadas por el simple hecho de que las hemos visto, leído, oído muchas veces.
O más bien por el hecho de que existan y se propaguen esas historietas.

Vamos al lio del montepío.

Se ha leído bastantes veces, o, al menos yo lo he leído, y ha aparecido hasta en programas de divulgación pseudocientífica (porque para conseguir un programa ameno hay que descargar de rigor, por lo que se desvirtúa la cosa) un experimento que más o menos es como os detallo a continuación.

Se colocan en un recinto cerrado varios monos (por ejemplo 5, que es el número que suele aparecer), junto con una escalera. Encima de esa escalera hay un puñado de plátanos (como el experimento es largo, entiendo que los científicos encargados del experimento, o mejor, los becarios que dicen que para eso están, tienen aseguradas las provisiones de plátanos).
¿Monos y plátanos? Nos imaginamos lo que puede pasar. Jejejejejeje, pues no.
Cada vez que a algún mono se le ocurre subir la escalera para tomarse un aperitivo, los demás monos reciben un buen chorro de agua fría. Ojo, los demás.
Quizá la primera vez no pasa nada, incluso la segunda, pero cuando los monos ven que cada vez que uno sube a la escalera ellos se mojan, comienzan a apalear al que se atreva. De tal forma que por el solo hecho de intentar subir, le propinan una buena colección de mamporros.

Al cabo de un tiempo, ningún mono se atreve a subir, ya nadie sale mojado ni apaleado. Todo es paz, ¿no?

Prosigamos.

Se sustituye a uno de los monos. Que como, lógicamente, no sabe lo que pasa, lo primero que hace es subir la escalera. Pero ahí están los cuatro restantes para impedirlo. El mono duerme calentito ese día.

Sustituyen a otro, y pasa lo mismo. Incluso el primero que entro a sustituir a uno de los antiguos participa en la paliza.

De igual forma van sustituyendo uno a uno todos los monos, y se siguen dando de guantazos...

Pero llega un momento en el que ya no quedan monos de los primeros, es decir, de los que recibieron el agua fría.

Incluso en ese momento se siguen repitiendo los apaleos. Ninguno sabe por qué, pero saben, de alguna manera lo saben, que si se sube a la escalera se reciben palos.

Poned vosotros el tiempo, y veréis que la situación no cambia.

Si les pudiéramos preguntar a los monos y ellos fueran capaces de responder, dirían ‘es que eso es lo que hay, si sube le pegamos, aquí siempre se ha hecho así’.

Interesante, creo.

Hasta aquí el experimento.

Da igual que sean o no monos. Da igual que haya o no escalera.

Lo importante del experimento es lo que podemos concluir al verlo.

De nada sirve que se repita una y otra vez lo mismo. Las cosas son como son.

Somos borregos, y la excusa más fácil es decir que 'como los demás actuan así...'

Si escuchamos algo e inmediatamente lo almacenamos, sin darnos oportunidad a comprobarlo, es bastante probable que caigamos en el error.
Si no intentamos verificar las cosas no aprenderemos nunca, porque realmente no aprendemos al escuchar, leer, ver, sentir, gustar, oler algo. Ese momento es solo el comienzo de la historia. Nos abre la puerta a que indaguemos, a que nos adentremos en ese mundo oscuro hasta ese instante. Nos crea la duda. Esa duda que nos enseña.

De igual forma, en otros aspectos de nuestra vida, tenemos que ser un poco escépticos, un poco inconformistas, un poco o un mucho valientes, para encarar los problemas que nos aparezcan. Echarle narices y apechar con las consecuencias.

Actitud positiva y mente abierta. Los momentos pasan, las condiciones cambian, pero nosotros debemos adaptarnos.

‘Si esperas resultados diferentes, no hagas lo mismo’ atribuida a Einstein, o a Franklin, o a no sé yo cuántos más. Mía seguro que no es, aunque la tengo guardada, así que en parte, solo en parte, sí que es un poco mía.

En mi casa jugamos así, es otra respuesta igual de estúpida.

Eso es lo que se denomina 'paradigma', algo que se tiene como verdad, verdad que nadie comprueba, y que se toma de base para cualquier teoría.

Hasta la próxima. Si no nos vemos antes.

miércoles, 25 de enero de 2017

Aficionado, raro, extremo o friki

Como dicen algunos ‘el libro del gusto no está escrito’ y otros ‘los gustos son como los traseros, cada uno tiene el suyo’.

Si partimos de la premisa que nos marcan las dos frases anteriores, cualquier comentario acerca de si una cosa es buena o mala, es bonita o fea, etc., sobra.
Lo que no sobra, y es a lo que voy, es el hecho de tildar a quien sea de friki por sus aficiones.

Veamos. El Diccionario de la Lengua Castellana define friki (y también friqui, aunque desaconseja el uso de ‘q’ a favor de la original inglesa ‘k’) como:
1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
2. m. y f. coloq. Persona pintoresca y extravagante.
3. m. y f. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición.

Vemos (ven) a alguien que le gusta la tecnología, es un friki.
Vemos (ven) a otro que le gustan los videojuegos, es un friki.
Vemos a otro que le apasiona la historia, es un friki.
Todos los demás son frikis, pero yo no. A mí me gusta la tecnología, pero no soy friki, me gusta la historia, no soy friki, me gusta Linux, no soy friki, me gusta… y no soy friki porque al llamar a quien sea de ese modo lo hacemos en su aspecto peyorativo y, claro está, yo no me voy a meter conmigo, no faltaba más.

Vale que a cada uno de nosotros nos puede gustar un tema, o varios o muchos, pero no es normal que todos los demás sean frikis, porque ellos los demás también lo piensan y en ese caso todos, absolutamente todos somos frikis, claro, desde el punto de vista de los demás.
Si según el diccionario friki es raro, voy a usar ese término en vez del anglicismo.

Es raro aquel individuo que se apasiona por la cultura, por saber de todo, lo que algunos llaman ‘ser de Tolosa’ y obviamente no porque todos los tolosarras o tolosanos sean raros, sino porque ‘to lo sabe’.
Si, en este caso especial si que tienen razón, desgraciadamente. Es raro ver a alguien que se interesa por la cultura, a alguien que sabe mucho, a alguien que destaca por sus conocimientos. Pero llamarlo friki, como que no.

Mire usted, si yo sé cosas que usted no conoce, no tiene que llamarme raro, lo que tiene que hacer es coger un libro, o muchos, leerlos, releerlos, investigar, etc. Así usted dejará de ser ignorante en esa materia, o esa pequeña parcela y sabrá más o menos lo que yo. Claro, siempre que sea usted capaz de llevar la etiqueta que tan gentilmente me ha puesto. Y es que pesa mucho.

Ahora que todos poseen teléfonos conectados a La Red, ordenadores por doquier, tabletas, infinidad de aparatos, que vivimos en un mundo altamente tecnológico seguimos llamando friki o raro a aquellos que sienten una especial atracción por ese mundo. Cuando los raros realmente son los demás, ya que pocos pocos o incluso menos son los que no tienen un ‘cacharro de esos’. En todo caso los raros serían ellos, pero no, nos llaman frikis.

Friki no, señor (o señora) como mucho ‘geek’ (que es el que siente fascinación por la tecnología o la informática).

Igual pasa con el esnob, aquel que siente especial predilección por lo que considera más moderno, elegante o incluso distinguido.

Todo es cuestión de gustos, y no todos son, o somos, frikis.

Yo usaría friki (prefiero raro o extravagante) y de hecho lo uso, solo en el caso de que esa afición se torna desmesurada.

Según mi idea, sería de friquis estar todo el santo día oyendo, hablando y viendo temas de videojuegos. Única y exclusivamente videojuegos.
O temas de determinado aspecto de la tecnología y solamente de ese aspecto.
O música, sola y exclusivamente música.
Es decir, si llamo friki a aquel que está obsesionado por un solo tema. Aquel en el que toda su vida gira alrededor de un solo asunto. Al obsesionado con algo.

Para mi si es friqui ese al que le dices: Hablaba yo el otro día de ‘Scott Davis’, y te contesta, claro, que fue jugador de tal equipo y lo ficharon en tal otro, sufrió una lesión en el segmento proximal de la tibia derecha que lo tuvo dos meses en el dique seco, y que metió un gol de cabeza en el partido contra ‘nosequien F.C.’ en el minuto 43.
Y si le dices que ese no, que te refieres a otro es capaz de sacarte la alineación del equipo de su padre (el de Scott, claro), y recitarte los números de bota de cada uno de ellos,…
Ese si es friqui, porque no es afición, es obsesión. Que no es lo mismo, y tampoco es igual.

Total, que a todos nos gustan cosas, y que esas cosas que a mí me gustan no tienen por qué gustarte a ti, pero no por ello me vas a llamar friqui porque te puedo mentar a tu señora y la liamos.

Solo una frase, para que no digáis que soy el friki de las frases, jejejeje
Es de Marcus Tulius Cicero (Cicerón) y dice: Sin prudencia hay pocas virtudes.
Hay más, ya, muchas, pero también hay tiempo para ellas.

miércoles, 11 de enero de 2017

El tiempo. El inexorable tiempo.


Segundo a segundo, día a día, año tras año, el tiempo pasa, pasamos del tiempo o éste nos sobrepasa.

Tiempo atrás, en Córdoba, cuando cursaba primero de bachillerato, uno de esos profesores que te marcan, de los que dejan huella, Carlos Díaz García-Mauriño, tenía una forma de empezar todas las clases. Al llegar, después del preceptivo saludo, borraba el encerado (la pizarra) y pintaba una gran T en la esquina superior derecha. Él, experto en geología, siempre decía que todos los procesos se realizan con tiempo, mucho tiempo. Hablaba, claro está, de los procesos geológicos. Pero también es cierto que el tiempo es necesario para muchas más cosas.

Necesitamos tiempo para aprender, para asimilar las lecciones y asimilar las bofetadas de la vida. Pero no hay tiempo para todo.

Cuando eres pequeño pasa muy despacio. Los cursos se hacen eternos, las vacaciones no tanto. Empezamos a aprender que lo bueno pasa pronto y lo duro, lo difícil, cuesta.
Te vas haciendo mayor y cada vez tarda menos en pasar…

Todo es relativo. Ya lo dijo Einstein, aunque él no se refería a este aspecto del tiempo.

Por si fuera poco, tenemos a la memoria, que se encarga de recordarnos que no hicimos tal cosa, o que perdimos tal otra, o que nos falta…

No tenemos, o no hay, tiempo para hacer todo lo que nos gustaría, pero hay que intentarlo. Por lo menos, o cuando menos, nos quedará la satisfacción de haber hecho lo más posible con la ‘pequeña’ dosis de tiempo que tenemos asignada.
Existir, insistir, resistir, persistir y no desistir. Con matices, que siempre los hay.

Un conocidísimo cuadro de Salvador Dalí, ‘La persistencia de la memoria’, nos viene a hablar precisamente de eso, de lo inestable y volátil, amén de relativo, que es el tiempo.

Os dejo el cuadro, y unas frases

Tened cuidado ahí fuera (recordando al Capitán Furillo, de Hill Street blues).



El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad. (Victor Hugo)

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado. (Gabriel García Márquez)

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. (Charles Chaplin)

Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van. (José Ingenieros)

Mi memoria es magnífica para olvidar. (Robert Louis Stevenson)

Se llama memoria a la facultad de acordarse de aquello que quisiéramos olvidar. (Daniel Gélin)

Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir. (Theodore Roosevelt)

La perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto. (Arturo Graf)